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¿Para qué sirve la música? CEREBRO - MÚSICA - NEUROCIENCIA

Actualizado: 10 ago

#Sinmusicalavidaseríaunerror #musica #neurociencia

Elaborado por Materia para OpenMind | Periodismo Científico

por Joana Oliveira y Javier Yanes | Aporte de Rodolfo Santoro


“Sin música, la vida sería un error”, escribió el filósofo Friedrich Nietzsche. Albert Einstein, que era un consumado violinista, decía que nada le producía tanto placer como la música, y que esta habría sido su ocupación de no haberse dedicado a la ciencia. Hoy neurocientíficos, musicólogos, psicólogos y antropólogos continúan preguntándose por qué muchos humanos disfrutamos tanto con la música. El hallazgo de flautas hechas con huesos hace más de 40.000 años en una cueva de Alemania, posiblemente los instrumentos musicales más antiguos registrados hasta el momento, sugiere que la música ha acompañado al Homo sapiens desde muy antiguo. Pero ¿cuál es su función?


La pregunta ha intrigado a los expertos desde hace siglos y todavía no hay una respuesta concluyente. La escuela de Pitágoras propuso, en el siglo V a.C., que la música regía la armonía de los astros, mientras que la investigación científica actual —desde la perspectiva evolutiva y biológica— considera que la música sirve más bien para regir la armonía entre los seres humanos.


Uno de los propósitos de la música es la cohesión social, explica Jeremy Montagu, músico y catedrático de la Universidad de Oxford. En un ensayo publicado en la revista Frontiers in Sociology, Montagu defiende que la música es tan primitiva que sería anterior al lenguaje. Él argumenta que el tarareo de una madre para calmar a su bebé es música y que eso, probablemente, ocurrió antes de que pudiéramos hablar.


Para el experto, el vínculo que la música establece entre madre y niño también está presente en un grupo de trabajadores o en los hombres ancestrales que bailaban y cantaban antes de una cacería o una batalla. “Al establecer semejante vínculo entre los individuos, la música creó no solo la familia, sino la sociedad misma”, sostiene. Durante los confinamientos debidos a la pandemia de COVID-19, nada ayudó tanto a conectar a la gente y romper la sensación de aislamiento como la música, cantada o tocada desde los balcones o a través de vídeos online.


COMUNICAR EMOCIONES

La hipótesis de que la música tuvo una función esencial en la formación y supervivencia de grupos y en la mitigación de conflictos es una de las más aceptadas. Mark Tramo, del Instituto para la Música y la Ciencia del Cerebro en la Universidad de Harvard, la define como un factor de cohesión social. “Los hombres necesitaban organizarse para cazar y defenderse. Allanó el camino para que nos comunicáramos y compartiéramos emociones”, explica. El factor emocional es esencial; Montagu define la música como “sonido que transmite emoción”.


La capacidad de comunicar emociones fue justamente lo que hizo que la música persistiera después del desarrollo lingüístico. Un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Londres y la Academia Austriaca de Ciencias demostró, por ejemplo, que incluso al escuchar un fragmento corto de una pieza musical, un individuo es más propenso a interpretar tristeza o felicidad en su interlocutor, aunque este mantenga una expresión facial neutra.


En su tarea de forjar lazos entre las personas, la música también revela la personalidad de cada uno, según un estudio de expertos en psicología social de las universidades de Cambridge y Texas. Se pidió a los participantes que juzgaran la personalidad de la otra persona en base, únicamente, a su lista de 10 canciones favoritas. Los psicólogos notaron que los participantes identificaron correctamente los rasgos de personalidad de sus parejas de estudio y concluyeron que el gusto musical es una fuente fiable de información sobre un individuo. Un estudio dirigido por Adrian North, de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo, encuestó a más de 36.000 personas de 60 países para vincular las preferencias musicales con rasgos de personalidad. Los resultados fueron curiosos; por ejemplo, los fans de la música clásica y del heavy metal difieren en la edad, pero coinciden bastante en sus rasgos de personalidad. Según North, comparten un “amor por lo grandioso”. “Son bastante delicados”, dice el investigador. “Muchos fans del heavy metal te dicen que también les gusta Wagner, porque es grande, sonoro y audaz”.


FAVORECE LA FELICIDAD Y LA CREATIVIDAD

Dada la capacidad emocional de la música, es lógico que escuchemos la que nos hace sentir bien. Un estudio dirigido por la Universidad de Tecnología de Chemnitz (Alemania), que encuestó a más de 800 personas sobre las razones que nos motivan para escuchar música, descubrió que las principales se refieren a la regulación del ánimo y la activación (arousal) y a la conciencia de uno mismo, incluso más que a la socialización. Los estudios han mostrado que unas dos terceras partes de la población experimentan lo que se conoce como frisson, un estremecimiento al escuchar música que nos pone la piel de gallina; algunos investigadores lo llaman también “orgasmos de la piel”. Investigadores de la Eastern Washington University mostraron que las personas más propensas a este efecto muestran un rasgo de personalidad llamado apertura a la experiencia, y que los factores cognitivos como la imaginación o la curiosidad intelectual pesan incluso más en esta experiencia que los puramente emocionales.


A un nivel más profundo, los científicos exploran cuáles son los mecanismos cerebrales de la experiencia musical. Una investigación publicada en Nature y liderada por Daniel Levitin, neurocientífico y autor del libro Tu cerebro y la música. Por qué nos gusta la música y por qué disfrutamos con ella, indica que actúa en el cerebro de manera similar a las drogas, el sexo o la comida. Las canciones activan el lóbulo frontal, producen dopamina y actúan en el cerebelo, que es capaz de sincronizarse en el ritmo de la música, lo que provoca placer. Tanto interpretar como escuchar música estimulan la producción de oxitocina, popularmente conocida como la hormona del amor. La música “es como un juguete para el cerebro”, afirma Levitin.


Y ese “juguete” también estimula la creatividad. Aunque muchas personas agradecen un silencio absoluto durante tareas que requieran concentración, al menos un estudio encontró que un nivel moderado de sonido ambiental favorece más la creatividad que un nivel más bajo de ruido, sobre todo en las personas más creativas. Se han aportado explicaciones a través de un fenómeno llamado resonancia estocástica, por el cual no solo los humanos, sino también ciertos animales mejoran algunas de sus funciones bajo una estimulación sensorial.


En el cerebro de los niños, la actividad musical aumenta las capacidades cognitivas y motoras. Un equipo de neurólogos de la Universidad de Harvard comprobó que aquellos que tienen tres años o más de entrenamiento con instrumentos tienen mejor coordinación motriz y habilidad de discriminación auditiva, aprenden el vocabulario más fácilmente y tienen mejores habilidades de razonamiento no verbal, lo que implica comprender y analizar mejor la información visual, como identificar relaciones, similitudes y diferencias entre formas y patrones. Una práctica musical continuada a lo largo de los últimos años de la enseñanza se asocia con mejores calificaciones en matemáticas, ciencias y lengua.


ES TERAPÉUTICA

De todas las funciones de la música, quizá la más misteriosa corresponda a su posible uso terapéutico. El neurólogo británico Oliver Sacks relató en sus libros casos de pacientes con alzhéimer o párkinson cuyos síntomas mejoraban cuando escuchaban canciones. Otras investigaciones muestran que los pacientes con accidentes cerebrovasculares que escuchan música elegida por ellos mismos no solo mejoran en su ánimo, sino también en su atención visual y en otras tareas. La terapia neurológica con música es hoy un activo campo de investigación que atrae cada vez mayor interés.


En su libro Music, the Brain, and Ecstasy: how Music captures Our Imagination, el compositor y pianista Robert Jourdain escribía que la música “relaja el flujo cerebral”, a la vez que “estimula y coordina las actividades cerebrales”. Para él, esa “magia” ocurre con todas las personas. “La música nos saca de hábitos mentales congelados y hace que la mente se mueva como habitualmente no es capaz”, afirma. O en palabras más directas, como cantaba en Trenchtown Rock el genio del reggae, Bob Marley, “lo bueno de la música es que, cuando te golpea, no te duele”.

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